Alimentación natural: nuestra experiencia con la dieta BARF (I)

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En esta entrada os voy a relatar cómo ha sido nuestra experiencia con la alimentación BARF. Los pros, los contras y los beneficios de esta dieta natural para nuestros perros (y gatos… aunque con ellos es un poco más complicado porque, en nuestro caso, tenemos un gato muy tiquismiquis con la comida).

Kima

Cuando adoptamos a Kima (con 8 meses), decidimos que queríamos saber más sobre la alimentación más adecuada para ella. Así que, nos pusimos manos a la obra y empezamos a buscar información sobre cómo es el sistema digestivo canino y cómo se desarrolla la digestión en los perros. Lo primero que descubrimos es que las harinas de cereales no les sientan muy bien. El caso es que los piensos de gama baja y la mayoría de piensos de gama media están fabricados principalmente con este tipo de harinas. Así que nuestro primer paso, desde el más absoluto desconocimiento, fue comprar piensos sin cereales (grain free). No fue difícil cambiarle de pienso y, después de probar con dos o tres, decidimos que Taste of the Wild era lo que mejor le sentaba… excepto por los pedos!

Un día, en una reunión de amigos, uno de ellos que llevaba dos dogos argentinos comenzó a preparar la comida de sus perros. Al ver que sacaba pollo crudo, verduras y frutas, le preguntamos en qué consistía ese tipo de dieta, y así conocimos la dieta BARF. Al llegar a casa, lo primero que hicimos fue comenzar a investigar sobre este tipo de dieta y, cuanto más leíamos, más nos parecía este tipo de alimentación tenía mucha lógica.

Entendimos que se trataba de acercar, lo más posible, la dieta de Kima a lo que sería su dieta ideal si viviese en libertad, fuera de la civilización, como si fuese un perro salvaje o un lobo en el bosque. Así que decidimos informarnos a fondo antes de realizar el cambio.

La segunda cosa importante que descubrimos es que el proceso digestivo canino es mucho más largo y potente que el nuestro, ya que apenas mastican y tienen que digerir porciones grandes de comida. En el caso del pienso, éste proceso digestivo se hace muy pesado, debido a que necesitan consumir grandes cantidades de agua para digerir las croquetas.

Huesos para principiantes.

Aprendimos que existen diferentes tipos de huesos: carnosos, blandos, duros, cartilaginosos, recreativos… Entendimos que había que empezar por lo fácil, así que los primeros menús estaban compuestos por costillas carnosas de cerdo, alitas de pollo, conejo, codornices y pajaritos pequeños y pescado (siempre pequeño o ¡sin raspas!). Además, había que preparar un puré (que será entre el 3% y el 5% del total del peso de la comida). Así que compramos una olla grande, dónde metimos todo tipo de verduras de hoja verde (espinacas, acelgas, kale..), hortalizas (zanahorias, calabacines, calabaza…), fruta, pescado azul, un puñado de arroz, aceite de salmón, arándanos, frutos secos al natural… Nos cuidamos bien de enterarnos qué alimentos no son buenos para los perros y… ¡metimos todo lo demás en una olla!

Con todo eso hacíamos un puré y lo distribuíamos junto con carne, vísceras y pescado, en raciones diarias. Y de ahí al congelador. Cada día sacábamos una bolsa y, a veces, incluíamos una cucharada de yogur natural desnatado sin azúcar, o un poco que queso fresco sin sal. También empezamos a sustituir los premios por trozos de fruta o frutos secos al natural.

A ella no le costó mucho hacer el cambio. Un par de caras de asco al principio, pero enseguida se habitúo a su nueva dieta. Cuando vimos que controlaba los huesos para principiantes, empezamos a ponerle huesos más grandes (muslos de pollo, carcasas, rabo de toro…) siempre pensando que los huesos no fuesen muy duros o muy grandes. Seguro que Kima puede con todo, pero es preferible ser prudente con para evitar sustos (seguro que puede con una pata de cordero, o de pavo, pero preferimos dárselo previamente cortado).

¿El resultado? Lo más notable… ¡se acabaron los pedos! El pelo de Kima se volvió más suave y brillante, y desapareció el olor corporal… ese olor a perro… con lo que la frecuencia de los baños disminuyó notablemente, porque con un simple cepillado quedaba limpia, brillante y olía bien. Está fuerte y sana, y lo más importante, nunca ha tenido ningún percance con algún hueso, sea de pollo, de toro o de ciervo.

(Sigue en Alimentación natural: nuestra experiencia con la dieta BARF (II))

 

Kima y Dallas

 

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